Ejemplo Rojhórico

De GB25
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Dícese de aquel ejemplo que, a pesar de escudarse en una fuerte dosis de hilaridad provocada por el extrañamiento ante la abismal distancia entre los términos comparados (desemejanza ésta que, en principio, bastaría para deslegitimar dicha comparación precisamente por no tener valor ejemplificador alguno), nos parece, como la bisutería de un mercado arábigo, irremediablemente verdadero en primera instancia y, tras un sucinto análisis compositivo, más falso que Judas.


Ejemplo ilustrativo al azar:

Sujeto K: “En los últimos 9 años, el Atleti ha ganado 2 títulos europeos, el Madrid, ninguno”

Respuesta de Marcos Rojo utilizando un ejemplo rojórico: “Si Paul Newman fue fiel -como dicen que fue- y considerando que se casó a los 35 años, si yo finalmente me caso y lo hago, digamos, a los 42 -es decir, 9 años después- se puede decir que sería mala suerte que en esos 9 años de la vida de ambos no estuviera yo con más mujeres que él, puesto que sólo necesitaría 2”. *Habría que añadir la evidente conclusión entre líneas: “Y esto no me hace mejor que Paul Newman”.


Análisis compositivo:

-Términos de la comparación: A (Atlético de Madrid), A’ (Marcos Rojo), B (Real Madrid), B’ (Paul Newman).

-Variables en juego: X (Éxito, ya sea deportivo o con las mujeres), T (9 años)

-Lógica del Sujeto K (Irónica o no. No afecta al análisis objetivo): A es mejor que B porque A ha obtenido más X que B en T.

-Lógica de Marcos Rojo: A’ podría haber obtenido más X que B’ en T y eso no hace a A’ mejor.


Si detenemos aquí nuestro análisis compositivo posiblemente podamos aceptar como válido el ejemplo rojórico; todo parece discurrir según una secuencia lógica y cada término parece ocupar el lugar que le corresponde a la hora de desmontar el análisis de su contrincante. Sin embargo -ah amigo!- como bien saben los beduinos, también algunos insensatos creen ver oasis allá a lo lejos en el desierto…

Ah, amigo

El error fundamental del sofisma rojórico nace siempre, nos parece, de la falsa identificación de las condiciones objetivas de dos de los términos que intervienen en la comparación. Así, en nuestro caso, los términos A (Atlético de Madrid) y B (Real Madrid) están encuadrados dentro de una contienda deportiva y, por tanto, aún rivalizando en diferentes campeonatos de esta naturaleza (recordemos que se hace mención aquí a “títulos europeos” y estos dos equipos no han coincidido en ninguna competición continental en T -9 años-), parece evidente que los dos contendientes desean ganar sus respectivas competiciones, alcanzando irrefrenablemente X (éxito deportivo). Si extrapolamos esta volición al ejemplo rojórico, resultaría que tanto A' (Marcos Rojo) como B’ (Paul Newman) actúan bajo esa misma motivación y no pueden sino perseguir hasta el desfallecimiento la consecución de Y (éxito con las mujeres). El error de bulto a la vista es que el sujeto B’ (Paul Newman) no parece perseguir dicha consecución y, por tanto, no puede ser utilizado como elemento de comparación con B (Marcos Rojo). No es sino mediante una falsa identificación de las condiciones objetivas del conjunto, núcleo primordial del mecanismo rojórico, como se puede llevar a cabo tan fraudulenta armonización. Lo que hace la lógica demarrógica es, pues, aprovechar el efectismo de la ingeniosa formulación comparativa para ocultar las grietas deductivas que, evidentemente, invalidan la posterior conclusión.

Además, se añade en este ejemplo otro de los elementos recurrentes en el quehacer demarrójico, como es la asimilación del sujeto enunciador en cuestión (Marcos Rojo) con el término menos afortunado de la comparación en liza (en este caso, A, el Atlético de Madrid), lo cual incrementa, junto a la ya mencionada disparidad semántica entre los términos elegidos para la ejemplificación, la hilaridad del asunto, funcionando al mismo tiempo como lubricante que relaja las defensas cognitivas del receptor y permite que ese bandido llamado ejemplo demarrójico se cuele directamente, asumido como verdadero, hasta las mismas puertas de nuestra aceptación.

Huelga decir que lo que se analiza en este ejemplo es la gramática compositiva de la lógica demarrójica, sin entrar a debatir lo que, suponemos, su enunciador, Marcos Rojo, quiere quedar de manifiesto: que el Real Madrid Club de fútbol es mejor que el club Atlético de Madrid.